Los gases de efecto invernadero son algo con lo que llevamos lidiando desde la revolución industrial. En aquella época, la producción de gases de efecto invernadero aumentó rápidamente y, a medida que aumentaba el número de fábricas y vehículos, también lo hacía la cantidad emitida a la atmósfera. Esto, por supuesto, significaba que las concentraciones en la atmósfera aumentaban constantemente.
Sin embargo, un vistazo a las estadísticas muestra que no emitimos tanto como otros productores naturales. Por tanto, cabe preguntarse si realmente es un problema tan grave como muchos afirman. Después de todo, si los humanos no emiten tanto en comparación con la naturaleza, ¿por qué es un problema tan grave? Resulta que la situación no es tan sencilla como parece.

Lo que importa en primer lugar no es sólo la producción en sí, sino también cuánta materia orgánica se devuelve, por ejemplo en el proceso de fotosíntesis. Sin embargo, esta última sólo describe procesos naturales que se encuentran así en equilibrio. Sin embargo, las emisiones humanas de dióxido de carbono no se incluyen en esta ecuación. El problema es que el dióxido de carbono permanece en la atmósfera.
La situación se agrava por el hecho de que el dióxido de carbono, en particular, permanece en la atmósfera durante mucho tiempo antes de descomponerse. Como consecuencia, el dióxido de carbono se acumula en la atmósfera, con consecuencias cada vez mayores. Esta es una de las causas del cambio climático global que vemos cada vez más hoy en día.

Así que está claro que hay que hacer algo con este problema, pero ¿qué? La respuesta no es tan sencilla. Por el momento, no existe ninguna tecnología que permita eliminar de forma segura el dióxido de carbono de la atmósfera. Por ejemplo, se ha intentado verter hierro en el océano, pero con malos resultados.
Por tanto, la única solución actual es limitar las emisiones de dióxido de carbono. Sin embargo, no es una tarea fácil, ya que muchas tecnologías dependen de las emisiones y no se puede renunciar a ellas hoy en día. La única alternativa es desarrollar nuevas tecnologías más limpias. Pero ni siquiera esto avanza todo lo bien que debería.